Abre la fábrica de armas: del mineral al arma, con número de serie rastreable
La ciudad estrena una cadena completa de fabricación clandestina. Cada pieza que sale de la forja queda marcada, y la policía puede seguir su rastro.
Por Redacción de la Gaceta
La producción de armas deja de ser un simple intercambio para convertirse en una industria con proceso propio. Todo empieza en la cantera, donde se pica hierro y carbón; sigue en la fundición, que convierte el mineral en acero; y termina en la forja, donde el acero, la pólvora y un molde dan forma al arma terminada.
La medida más comentada es el registro. Cada arma forjada sale con un número de serie único. Cuando una unidad policial la incauta, ese número permite trazar su origen hasta el taller que la fabricó. Fabricar deja huella, y esa huella tiene consecuencias.
El cargador se fabrica aparte, en el banco de trabajo, en un flujo independiente del arma. La munición no viene incluida: quien produce armamento debe abastecer también la pólvora y los cargadores, lo que encarece el negocio y lo hace más vulnerable a una redada.
Fuentes cercanas a la administración recuerdan que la fábrica es territorio de banda: solo quien controla el taller puede operarlo. El resto de la ciudad lo verá en la calle, cuando el género salga en cajas de contrabando rumbo a un comprador.
